
En estos últimos días me he dedicado a escuchar, leer e investigar todo lo que ha pasado por mis manos en relación con la Píldora del Día Después. Pese a que siempre he considerado legítimo su uso y estoy convencida de que no es abortiva, eso no significa que mi postura implique obligar a otras mujeres que no piensen o sientan lo mismo a usarla.
Entonces, ¿por qué sí hay hombres y -lo que es peor- mujeres que se sienten con el pleno derecho de imponerme sus convicciones porque ellas y ellos consideran que el levonogestrel provoca abortos?
Ésa es la actitud que más me ha molestado de este debate, sobre todo cuando escucho a personas que manifiestan que su entrega es promover el libertinaje, incentivar los abortos (¿?), la promiscuidad... o sea, ¡por favor!
En primer lugar, yo no digo que la Píldora no es abortiva porque hoy me desperté y se me ocurrió. Lo digo basándome en estudios científicos realizados por el reconocido especialista Horacio Croxatto*, quien en varios artículos e incluso en la presentación realizada al Tribunal Constitucional explica que levonogestrel tiene efectos directos sobre la migración de los espermatozoides hacia las trompas de falopio y sobre la ovulación, mientras que no tendría efectos sobre la implantación del embrión.
En segundo lugar, me asombra escuchar a algunas personas hablar de que "las mujeres debieran haberlo previsto antes". A veces es muy fácil hablar desde posiciones privilegiadas, como la que yo tengo y muchas de ustedes también. Yo soy una mujer de 31 años, con pareja estable y si no tengo hijos es porque no quiero tenerlos aún. Trabajo, puedo pagarme la consulta ginecológica en una clínica, compro mi método anticonceptivo mes a mes (desembolso más de $8 mil) y tengo educación universitaria. Pero también me doy cuenta que no todas las mujeres a mi alrededor tienen la suerte que yo tengo.
¿Qué pasa con aquellas que viven en condiciones difíciles? ¿Qué pasa con ésas que mes a mes deben luchar para alimentar a sus hijos y con los que tienen es suficiente? ¿Qué pasa con las mujeres cuyas parejas o maridos son reacios al uso del condón y tampoco quieren que ellas usen anticonceptivos? ¿Qué pasa con las adolescentes que se calentaron con el pololo y terminaron acostándose? ¿Qué pasa con las parejas a las que se les rompió el condón? ¿Qué pasa con las mujeres violadas, incluso por sus propias parejas (eso pasa, ¡bienvenidos al mundo real!) ? ¿Qué pasa con las mujeres que simplemente no quieren tener hijos?
Acaso ¿TODAS deben resignarse a que los hijos nazcan? ¿O deben vivir en castidad? Basta de hipocresías, de dobles estándares. Si no estás de acuerdo con la Píldora está bien, es tu elección, valen tus convicciones, creencias y valores. Pero dejen de decidir por el resto. Dejen de decidir por mí.
Para quienes sí estamos a favor del levonogestrel y odiamos el fallo del Tribunal Constitucional, les cuento que hace unos días oí en Radio Duna al abogado Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales. El profesional hacía un análisis y explicaba claramente que el fallo del TC -que se comunicará oficialmente el próximo 22 de abril- sólo anulaba el Decreto Supremo que hacía obligatoria la entrega de la Píldora en el Sistema Público y que, por lo tanto, podría seguirse distribuyendo en el ámbito privado y que no afectaría a otros anticonceptivos que tienen el principio activo ni al Dispositivo Intrauterino.
Eso significa que la batalla no está del todo perdida. Al contrario, está recién empezando.
* El Dr. Horacio Croxatto trabaja en el Instituto Chileno de Medicina Reproductiva, lleva más de 50 años investigando temas de salud reproductiva y fecundidad. Es profesor honorario de la Universidad de Chile y trabaja también en la Universidad de Santiago de Chile.
viernes 11 de abril de 2008
Píldora del Día Después: ¿hasta cuándo deciden por nosotras?
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