jueves 20 de marzo de 2008

Fiesta de la Vendimia

Este es el segundo año que voy a una fiesta de la vendimia. Bueno, en realidad son tres, pero el primero estuve trabajando -paseando por Santa Cruz a un grupo de socios de la fundación en la que trabajaba tiempo atrás- así es que no cuenta.

Los dos últimos años he asistido a la Fiesta de la Vendimia de Molina, que en realidad tiene más de festival folclórico que de celebración a Dionisio. Es decir, no existen estas tradicionales ceremonias en las que se pisa la uva, pero si encontramos gastronomía, artesanía,
música y sobre todo degustaciones de los ricos vinos de la zona. Ahí tengo ciertos privilegios, ya que me acompaña un entendido en la materia que, aunque no es un experto, sí se maneja infinitamente mejor que yo en estas lides.

Cristian es hace más de dos años jefe técnico de un laboratorio que analiza vinos (entre otras cosas más) y aparte de eso es mi novio, lo que por supuesto siempre juega a mi favor en estas degustaciones porque como todos lo conocen le ofrecen que pruebe lo mejor de lo mejor y -obvio- ahí estoy yo, a su lado, la cronista para saborear y a la vez registrar esos vinos.

En esta oportunidad probé dos vinos de la Viña Miguel Torres: un chardonnay y un syrah de su línea Santa Digna (se las recomiendo de todas maneras). Para quienes no les queda claro a qué me refiero daré una pequeña explicación que más tiene que ver con mis impresiones, así es que dejo claro que no soy voz autorizada.

El chardonnay es un vino blanco muy especial porque cuando lo bebes -tiene que ser frío- sientes un burbujeo casi imperceptible, un aroma exquisito y un sabor delicioso, como a frutas en este
caso. Es fresco, pero deja una sensación seca magnífica al final.

El syrah es un vino tinto de gran cuerpo, es decir,
sus sabores se sienten muy concentrados y es seco, por lo que es ideal para disfrutarlo con carnes altas en grasa como cordero o cerdo. Para hablar con conocimiento de causa, disfruté de una brocheta de cerdo junto a mi copa de syrah y les aseguro que hace la diferencia.

Mi último descubrimiento fue un cabernet sauvignon de Viña San Pedro de su línea Castillo de Molina. Sin duda el más famoso de los vinos de esta marca es Gato, pero el que probé es bastante mejor, sin ese sabor a alcohol al final que yo le siento a Gato y que me hace tiritar. Es seco, tiene buen aroma, recomendable.

Aún quedan algunas celebraciones de la vendimia si quieren sumarse. Pero si prefieren disfrutarlos en casa, con una rica cena no lo duden.

Y me cuentan como les va.

1 comentarios:

Steve Ballmer dijo...

Me encanta tus fotos, el buen blog!