lunes 27 de agosto de 2007

Lo que odio



En muchas ocasiones mis amigos se ríen de lo que odio.
Porque son muchas cosas, porque son cosas que a otros les parecen irrelevantes, porque bien pueden ser irrelevantes.
Para conocerme mejor decidí elaborar una lista de las cosas que detesto que me pasen y -para mi pesar-siempre me pasan y otras que nunca me han pasado y espero no ocurran.


He aquí una pequeña muestra:
- Odio a los monos de supermercado, esos seres vestidos de chancho, lápiz, vaca, salchicha, elefante, barney, lo que sea...
- Odio los uniformes y jamás podría tener algo con alguien que use uniforme... aunque sea bombero.
- Odio a Lindorfo, Kike Morandé, Jorge Hevia, Rocío Marengo, Carla Constant, Tonka Tomicic, SQP, CQC, etc, etc, etc. (No me pidan que explique uno por uno, sería eterno)
- Odio que me mientan.
- Odio los olores a comida.
- Odio el olor a papayas y chirimoyas.
- Odio a los barristas de cualquier club.
- Odio que no me miren a los ojos cuando hablamos.
- Odio a la gente que recién me conoce y me abraza.
- Odio a los hombres besucones.
- Odio a los payasos.
- Odio a la gente que mira en menos al que tiene al lado.
- Odio las aglomeraciones (pero estoy trabajando en ello. Transantiago, ya saben)
- Odio a la gente que se baña en perfume.
- Odio las manos sucias.
- Odio que por mis opiniones me tilden de feminista con un tonito y mirada como si eso significara que tengo alguna carencia afectiva.
- Odio que me critiquen por lo que gasto en cremas.
- Odio que me digan sí a todo.
- Odio las películas en las que en los primeros 10 minutos ya hubo balazos, bombas o algo por el estilo.
- Odio el reggeaton.
- Odio mirar la cordillera y que el smog no me permita verla.
- Odio que me apuren los fines de semana.
- Odio a las cucarachas.

¿Algo más?
No por el momento
Muchas gracias!

La Foto:
Voices of Hate. morguefile.com

lunes 20 de agosto de 2007

Jaime y Raúl


Yo no tengo hermanos.
Mis papás sólo me tuvieron a mí y durante años agradecí que fuera de esa forma: todo el cariño, la atención, los juguetes, etcétera, eran para la niña de la casa. Sin embargo, con el paso de los años fui dándome cuenta que me hacían mucha falta.
Pero siempre hay alguien que compensa esos espacios y se los gana a punta de cariño. Ese alguien es plural y son mis dos primos preciosos: Jaime y Raúl.
Tenemos 7 años de diferencia con Jaime y 14 con Raúl, pero eso nunca ha impedido que seamos capaces de estar ahí cuando el otro lo necesita, de diferentes formas por supuesto. Porque Jaime es mi partner, aquél con el que jugábamos e inventábamos las historias más inverósimiles, ya fuera con mis muñecas o sus autos y espadas. Él era quien me seguía cuando a la loca de su prima se le ocurría hacer teatro en la casa y era capaz de disfrazarse de lo que le pidiera, se aprendía los libretos, cantaba, bailaba. Me da risa recordarlo (¿te acuerdas cuando hicimos la Caperucita Roja?).
Raúl en cambio es mi niño, ése que cuidé en muchas oportunidades, al que le enseñaba el mundo que yo veía y también varias travesuras. El que me creía todas y cada una de las cosas que le contaba, hasta que claro, los años lo hicieron advertir que su prima también inventaba muchas cosas y desarrolló un filtro increible para saber cuándo exagero en algo y cuando no.
Ahora uno está al otro lado del continente y lo extraño mucho. Al otro lo veo poco por falta de tiempo. Pero a los dos los quiero muchísimo, aunque no se los diga muy a menudo.
Porque aunque no tengo hermanos -hijos de mis papás-, Jaime y Raúl son mis hermanos y con ellos siento que no necesito nada más.