miércoles 21 de noviembre de 2007

¿Me hablas a mí?

Hay gente a la que le encanta hablar. Yo soy una de ellas, pero eso no significa que lo haga sin discriminar el momento, el lugar, la persona y otros aspectos. Pero hay quienes no toman en cuenta ninguno de esos factores.

Es el caso de las personas que te hablan en la calle o comienzan a conversar contigo sin que tú busques ese espacio de diálogo. En lo personal, me desagrada que si estoy imbuida en mis pensamientos -que pueden ser absolutamente trascendentales o simplemente cualquier tontera- llegue alguien que no conozco y me haga comentarios sobre cosas que no me interesan.

La semana pasada fue una de ésas y el lugar los medios de transporte. Como el Transantiago ya es noticia añeja y todos nos estamos acostumbrando a la fuerza a soportarlo, cada vez hay menos gente que busca inciar la conversación con "es tan desagradable viajar acá" o "con las micros amarillas esto no pasaba". Entonces una piensa que, como ya no hay tema, ya no habrá gente inoportuna. Me equivoqué.

La persona 1 era un viejito, pero un viejito con varias copas de más. Y empezó ha contarme que era de Melipilla, que trabajaba en Providencia, que todos los días tomaba esta micro, que la envidia era un sentimiento nefasto, que el gobierno, que, que, que... La verdad no sabía si largarme a llorar o a reir por la situación, porque la individualista que llevo dentro sólo quería enchufarse su mp3 y escuchar música mientras leía su libro, pero no. Ahí estaba yo escuchando al abuelo, con cara de lata pero armándome de paciencia y sólo porque le tengo cariño a todos los viejitos.

La persona 2 fue un tipo que me habló en el Metro haciéndose el simpático. Estaba tratando de subir a un carro repleto -media novedad- y alguien me dice "tú no, no hay espacio para ti" como dando una orden. Lo miré pensando que se trataba de algún amigo al que no veía hace tiempo, pero resultó ser un gil que trataba de... ¿alegrar el viaje? Le devolví una mirada sería y un pedante ¿Me hablas a mí? Hasta ahí llegó su simpatía. Se quedó callado.

Espero
que aquellos a los que les gusta conversar de la nada con gente que no conocen sigan su ejemplo. Excepto, claro está, que se trate de Josh Holloway, Miguel Bosé o cualquier otro guapetón que ¡pucha que me alegraría el regreso a casa!

1 comentarios:

Fenix dijo...

Hola Xime:
Jajajajaj. Creo que has tenido suerte, sólo te han hablado dos. Por mi parte, todos los días me pasa eso. Además de la gente mal educada que me empuja para poder sentarse y los que se ponen a pelear.
Mira, lo único bueno, es que ya se acerca mi pre natal y ya no voy a tener que estar todos los días en ese tropel de gente que de apretada ya no sabe qué decir.
En todo caso, prefiero eso a cuando una señora se lanzó sobre mí gritando "cuidado" y era sólo porque iba bajando una araña cerca mío (me quedó el corazón en la boca) o cuando me han dado agarrones, o el más desubicado, que se puso a respirarme encima y suspirarme, hasta que le dije que si no se daba cuenta que estaba embarazada!!! el resto de la micro lo quedó mirando y por suerte el tipo se cortó. En fin, creo que estamos cada vez más desubicados, mal educados y raros. Ojalá que mi descanso alcence a llegar antes que me contagie.

Besos
Cathy