viernes 29 de junio de 2007

Cosas raras que ocurren a veces



No sé si será el Transantiago, la ola polar o el calor de estas tardes de invierno, pero he visto cosas extrañas.
Ayer por ejemplo, mientras me bajaba apurada de un bus de acercamiento, me fijé que había un calcetín gris y huacho tirado entre los últimos asientos. ¿Qué hacía ahí? La verdad ni se me ocurrió, porque en estos días es muy probable encontrar un guante olvidado o un gorro, pero ¿un calcetín y huacho más encima? Extraño, pensé, pero no le di mayor importancia.
Todo habría pasado al olvido si no fuera porque al regreso de la entrevista que tuve que hacer en un cuiquísimo hotel de Las Condes, mientras ingresaba a la estación Tobalaba y para sorpresa mía me topo con unas medias, de estas tipo calcetín, botadas en un rincón y grises más encima... O sea, ¿qué onda?
¿Es esto parte de una campaña publicitaria? ¿o ahora la idea es dejar prendas esparcidas por la ciudad para demostrar que la ropa es desechable, irrelevante, materialismo puro?
O quizás estos dos personajes cambiaron sus aburridas medias y calcetines grises por unos de colores fuertes y luminosos, como protestando por tanta oscuridad que nos invade en estos días de invierno que están recién empezando y parecen nunca acabar, aunque estemos en pleno veranito de San Juan.
Entonces, si ésa fuera la razón para tanto calcetín tirado por ahí, espero ver pronto sus calcetines, medias y panties, mientras son reemplazadas por versiones colorinches.
Yo uso calcetines de colores. Azules, rojos, calipso, morados, con flores, puntos y rayas. Son una forma entretenida de romper la monotonía de nuestro vestuario y la recomiendo absolutamente a todos.
Ahora, la otra alternativa es que la falta de concentración esté alcanzando niveles asombrosos y así como pasa en el Metro y los cines donde quedan olvidados desde billeteras hasta calzoncillos, esté ocurriendo algo parecido en nuestra ciudad.
¿Alguna otra teoría?

2 comentarios:

lestat dijo...

Hace algún tiempo me ocurrió una anécdota que quizá explique eso de la ropa callejera. Llevé a mi primo pequeño a fantasilandia y en el tagadá, en uno de los muchos zamarrones de su pié saltó un calzoncillo. Luego de reirme sin parar y de calmarlo para que no llorar más de la verguenza me explicó que usó los mismos pantalones del día anterior. Claro, salió apurado y no se fijó que los calzoncillos del día anterior quedaron sueltos dentro del pantalón. Ahora, como la gente sabe que debe apurarse para llegar a la hora en sus trabajos y tomar las micros o el metro y que estos no estén llenos puede que más de alguna prenda ya usada quede atrapada entre sus ropas y éstas caigan y queden esparcidas justamente en el medio de transporte. eso.
besos
www.divodex.blogspot.com

Xime dijo...

Que idea más entretenida, la verdad es que me dio mucha risa con la historia de tu primo y en verdad tu teoría tiene harto de real, quizás mucho más que las mías.
besos tb a la distancia