Estas últimas semanas han sido bien movidas porque Cristian y yo decidimos embarcarnos en una aventura de las grandes, un paso más en esta relación que ya tiene 14 años, que ha tenido altos y bajos, pero que pese a todo está más fuerte que nunca. Cristian y yo estamos buscando nuestra primera casa.
La búsqueda ha sido difícil porque como toda pareja que está empezando debemos compatibilizar nuestros sueños, nuestros deseos, nuestro presupuesto, lo que quiere él, lo que quiero yo...
¡¡Además que es tan caro comprar algo bonito, que se ajuste a lo que esperamos!!
De partida los barrios residenciales son muy caros. A mí desde chica me gustó Ñuñoa, desde antes que se pusiera de moda vivir ahí -tengo una tía que vive en esa comuna hace más de 30 años- porque encuentro que reúne de manera perfecta la vida de barrio, la modernidad, esas calles con arboledas, plazas preciosas y lugares ricos para salir a carretear. Obviamente no soy la única que lo cree y al momento de ir a buscar departamento los precios se empinan a las UF 2.000 ($40 millones) y de esa cifra hacia arriba.
En todo caso, Cristian, con su infinita paciencia y su amor, me ha seguido en esta búsqueda. De hecho, fue él quien me propuso comprar y no arrendar, lo que nos ha significado invertir fines de semana completos en darnos vuelta, cotizar, mirar pilotos, pensar en el crédito hipotecario, en los famosos gastos operacionales, etc, etc, etc...
En todo caso, además de todas estos aspectos prácticos, también nos hemos encontrado pensando en el futuro: en que queremos una casa con tres dormitorios porque si tenemos 2 hijos y son niña y niño...
Suena raro, suena de adultos, pero también suena hermoso y que vale absolutamente la pena.
jueves 1 de mayo de 2008
Buscando casa
viernes 11 de abril de 2008
Píldora del Día Después: ¿hasta cuándo deciden por nosotras?

En estos últimos días me he dedicado a escuchar, leer e investigar todo lo que ha pasado por mis manos en relación con la Píldora del Día Después. Pese a que siempre he considerado legítimo su uso y estoy convencida de que no es abortiva, eso no significa que mi postura implique obligar a otras mujeres que no piensen o sientan lo mismo a usarla.
Entonces, ¿por qué sí hay hombres y -lo que es peor- mujeres que se sienten con el pleno derecho de imponerme sus convicciones porque ellas y ellos consideran que el levonogestrel provoca abortos?
Ésa es la actitud que más me ha molestado de este debate, sobre todo cuando escucho a personas que manifiestan que su entrega es promover el libertinaje, incentivar los abortos (¿?), la promiscuidad... o sea, ¡por favor!
En primer lugar, yo no digo que la Píldora no es abortiva porque hoy me desperté y se me ocurrió. Lo digo basándome en estudios científicos realizados por el reconocido especialista Horacio Croxatto*, quien en varios artículos e incluso en la presentación realizada al Tribunal Constitucional explica que levonogestrel tiene efectos directos sobre la migración de los espermatozoides hacia las trompas de falopio y sobre la ovulación, mientras que no tendría efectos sobre la implantación del embrión.
En segundo lugar, me asombra escuchar a algunas personas hablar de que "las mujeres debieran haberlo previsto antes". A veces es muy fácil hablar desde posiciones privilegiadas, como la que yo tengo y muchas de ustedes también. Yo soy una mujer de 31 años, con pareja estable y si no tengo hijos es porque no quiero tenerlos aún. Trabajo, puedo pagarme la consulta ginecológica en una clínica, compro mi método anticonceptivo mes a mes (desembolso más de $8 mil) y tengo educación universitaria. Pero también me doy cuenta que no todas las mujeres a mi alrededor tienen la suerte que yo tengo.
¿Qué pasa con aquellas que viven en condiciones difíciles? ¿Qué pasa con ésas que mes a mes deben luchar para alimentar a sus hijos y con los que tienen es suficiente? ¿Qué pasa con las mujeres cuyas parejas o maridos son reacios al uso del condón y tampoco quieren que ellas usen anticonceptivos? ¿Qué pasa con las adolescentes que se calentaron con el pololo y terminaron acostándose? ¿Qué pasa con las parejas a las que se les rompió el condón? ¿Qué pasa con las mujeres violadas, incluso por sus propias parejas (eso pasa, ¡bienvenidos al mundo real!) ? ¿Qué pasa con las mujeres que simplemente no quieren tener hijos?
Acaso ¿TODAS deben resignarse a que los hijos nazcan? ¿O deben vivir en castidad? Basta de hipocresías, de dobles estándares. Si no estás de acuerdo con la Píldora está bien, es tu elección, valen tus convicciones, creencias y valores. Pero dejen de decidir por el resto. Dejen de decidir por mí.
Para quienes sí estamos a favor del levonogestrel y odiamos el fallo del Tribunal Constitucional, les cuento que hace unos días oí en Radio Duna al abogado Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales. El profesional hacía un análisis y explicaba claramente que el fallo del TC -que se comunicará oficialmente el próximo 22 de abril- sólo anulaba el Decreto Supremo que hacía obligatoria la entrega de la Píldora en el Sistema Público y que, por lo tanto, podría seguirse distribuyendo en el ámbito privado y que no afectaría a otros anticonceptivos que tienen el principio activo ni al Dispositivo Intrauterino.
Eso significa que la batalla no está del todo perdida. Al contrario, está recién empezando.
* El Dr. Horacio Croxatto trabaja en el Instituto Chileno de Medicina Reproductiva, lleva más de 50 años investigando temas de salud reproductiva y fecundidad. Es profesor honorario de la Universidad de Chile y trabaja también en la Universidad de Santiago de Chile.
viernes 28 de marzo de 2008
Metro y su "Pasajero Incógnito"

Cuando escuché que nuestro Metro de Santiago pensaba premiar la buena conducta de sus pasajeros regalándoles una Tarjeta BIP! cargada con $15 mil no supe si reirme o llorar.
Claro, reirme porque con mi buena conducta diaria en este colapsado sistema de transportes era seguro que yo sería una de las afortunadas: cedo el asiento (de hecho, casi nunca me siento); dejo bajar antes de subir; evito empujar; me ubico detrás de la línea amarilla; cargo la famosa tarjeta con anticipación; uso las escaleras mecánicas por la vía rápida, aunque en general prefiero las escaleras tradicionales y, en resumen, "sigo las instrucciones del personal de Metro"... O sea, ¡Lo más ñoña que hay!
Por eso me imagino todos los días que el famoso "Pasajero Incógnito" me descubrirá durante abril y me entregará mi reconocimiento, porque estoy segura que lo merezco entre tanta gente mal educada.
Ahora, se preguntarán ¿por qué llorar? ¿Por la emoción del deber cumplido?, ¿por ahorrarme $15 mil?
Nada de eso. Es simplemente porque me parece increible que haya que estimular la educación, el respeto y las buenas costumbres con plata, es decir, te pago para que si ves a un adulto mayor, una mujer embarazada o una persona discapacitada le cedas el asiento... Te pago para que respetes al que tienes a tu lado y no pases por encima de él o ella con tal de subirte al carro... Te doy una Tarjeta BIP! y serás una persona más educada cuando viajemos apretados, porque te sacarás la mochila y evitarás los codazos...
¿Es que los santiaguinos hemos llegado a tal punto que con el Transantiago nos olvidamos por completo que no viajamos con animales, sino con personas?
Puede que haya gente a la que esta iniciativa le parezca muy adecuada y positiva. Un estímulo. Para mí es una muestra de cómo el estrés, la presión por llegar a nuestro destino y un pésimo experimento de transporte le están empeorando las costumbres a los habitantes de esta ciudad (aunque esto no debería usarse como excusa) y no se sabe qué hacer para revertirlo.
Por suerte aún quedamos -y me incluyo con orgullo- personas que no necesitamos que nos paguen para mostrar nuestra educación y respeto por el del lado y eso se agradece.
Pero, ¿qué pasaría si el famoso Pasajero Incógnito me regala la BIP!? Les confieso que igual me la quedo.
$15 mil no me vendrían nada mal.
jueves 20 de marzo de 2008
Fiesta de la Vendimia
Este es el segundo año que voy a una fiesta de la vendimia. Bueno, en realidad son tres, pero el primero estuve trabajando -paseando por Santa Cruz a un grupo de socios de la fundación en la que trabajaba tiempo atrás- así es que no cuenta.
Los dos últimos años he asistido a la Fiesta de la Vendimia de Molina, que en realidad tiene más de festival folclórico que de celebración a Dionisio. Es decir, no existen estas tradicionales ceremonias en las que se pisa la uva, pero si encontramos gastronomía, artesanía, música y sobre todo degustaciones de los ricos vinos de la zona. Ahí tengo ciertos privilegios, ya que me acompaña un entendido en la materia que, aunque no es un experto, sí se maneja infinitamente mejor que yo en estas lides.
Cristian es hace más de dos años jefe técnico de un laboratorio que analiza vinos (entre otras cosas más) y aparte de eso es mi novio, lo que por supuesto siempre juega a mi favor en estas degustaciones porque como todos lo conocen le ofrecen que pruebe lo mejor de lo mejor y -obvio- ahí estoy yo, a su lado, la cronista para saborear y a la vez registrar esos vinos.
En esta oportunidad probé dos vinos de la Viña Miguel Torres: un chardonnay y un syrah de su línea Santa Digna (se las recomiendo de todas maneras). Para quienes no les queda claro a qué me refiero daré una pequeña explicación que más tiene que ver con mis impresiones, así es que dejo claro que no soy voz autorizada.
El chardonnay es un vino blanco muy especial porque cuando lo bebes -tiene que ser frío- sientes un burbujeo casi imperceptible, un aroma exquisito y un sabor delicioso, como a frutas en este caso. Es fresco, pero deja una sensación seca magnífica al final.
El syrah es un vino tinto de gran cuerpo, es decir, sus sabores se sienten muy concentrados y es seco, por lo que es ideal para disfrutarlo con carnes altas en grasa como cordero o cerdo. Para hablar con conocimiento de causa, disfruté de una brocheta de cerdo junto a mi copa de syrah y les aseguro que hace la diferencia.
Mi último descubrimiento fue un cabernet sauvignon de Viña San Pedro de su línea Castillo de Molina. Sin duda el más famoso de los vinos de esta marca es Gato, pero el que probé es bastante mejor, sin ese sabor a alcohol al final que yo le siento a Gato y que me hace tiritar. Es seco, tiene buen aroma, recomendable.
Aún quedan algunas celebraciones de la vendimia si quieren sumarse. Pero si prefieren disfrutarlos en casa, con una rica cena no lo duden.
Y me cuentan como les va.